Hacia la nueva crisis causada por el alza del yen

-Con la llegada del invierno es posible que haya nuevos problemas de abastecimiento de energía. Pero es que, además, con el alza del yen y el encarecimiento de los combustibles la industria manufacturera japonesa esta sufriendo una durísima prueba. ¿Cómo se disponen ustedes a afrontar esta crisis?

Lo más duro es, sin duda, el alza del yen. Cuando un país va fortaleciéndose y comienza a sentirse la riqueza, es lógico que vayan subiendo los salarios y que su divisa también se aprecie. Con una moneda cara, las empresas con un valor añadido comparativamente menor y un uso intensivo de la mano de obra dejan de ser rentables y se van al extranjero. De esta forma países que eran pobres van haciéndose ricos. Por contra, los países que se han enriquecido comienzan a importar demasiado y pasan a tener déficit en la balanza comercial, con lo que se deprecia su moneda. Con esa depreciación el país recupera su competitividad y otra vez es capaz de exportar. Yo siempre sostengo que la macroeconomía se fundamenta en esta estructura.

Nadie podrá negar que, junto con este ciclo, se produce una renovación industrial, que va hacia productos con un mayor valor añadido, y que no hay necesidad de proteger aquellas industrias que van perdiendo su competitividad. Otra cosa muy distinta es la protección de las industrias tradicionales. Si una industria pierde su competitividad, según las leyes del mercado, tiene que dejar sitio a otras. Y además hay que ocuparse de crear otra industria que sustituya a esa como eje de la economía. Es un principio lógico.

Por regla general, esta renovación de las industrias supone un cambio gradual desde las menos competitivas hacia las que lo son en mayor medida. Mientras una va sustituyendo a la otra, va elevando su productividad y su nivel tecnológico. Sin embargo, la abrupta alza del yen que sufrimos actualmente está saltándose ese proceso de renovación y tiene una fuerza destructiva que podría dar al traste con la competitividad de cualquiera. De los aproximadamente 120 millones de japoneses, la población empleada es de 54,79 millones. La industria manufacturera emplea a una quinta parte, es decir, a unos 10,36 millones de personas. Uno se pregunta quién dará empleo a esos diez millones de personas cuando desaparezcan las manufacturas.

Se oye decir a veces que si el yen está alto las manufacturas pueden trasladarse al extranjero, y que sectores como la agricultura, la salud pública, la atención a ancianos y enfermos, o a los niños de preescolar podrán emplear a esas personas. Pero no parece que esos 10,36 millones de personas puedan encontrar trabajo en los campos, hospitales, residencias o guarderías. Hará falta una nueva industria que sirva de eje al desarrollo. Es posible que esa industria sea la industria medioambiental, o la informática. Pero actualmente la industria que lo sostiene todo es la automotriz. Trasladarnos al extranjero antes de haber encontrado a quien nos tome el relevo sería una irresponsabilidd en la que nuestra industria no va a incurrir.

Si, como responsable de una compañía, me dicen que siga haciendo negocios aunque el yen se cotice a 50 unidades por dólar, podría hacerlo. Lo que ocurriría es que, aunque Nissan Motor lograra sobrevivir, Nissan Motor de Japón desaparecería. Y yo creo que no puede permitirse que ocurra una cosa así.

Me preocupa mucho que hoy en día no exista una conciencia compartida sobre el hecho de que estamos ante una crisis de esas proporciones. Si esta alza del yen se prolonga cinco años, en Japón la deslocalización industrial será total. Cuando deje de ser viable la industria manufacturera, ¿cómo vamos a sostener un país como Japón? Esto me sigue preocupando mucho.

-Escuchándole, se percibe que la industria automotriz es como un espejo en el que se puede ver reflejado todo Japón. Recogiendo también esa reflexión, ¿podría decirnos, para finalizar, en qué consiste el atractivo de los coches japoneses?

Pues, sin duda, ese espíritu de hospitalidad, de agasajo, que es tan propiamente japonés, y que se dirige también hacia la persona que se va a sentar en el vehículo. Esa sensación de placer, de felicidad, que envuelve a la persona que se mete en el coche. Ese es el coche que queremos hacer llegar al cliente, ese es el espíritu con el que lo fabricamos.

Ofrecemos además el placer de la conducción. Y otras muchas cosas, como la atención que prestamos al medio ambiente, pues se han anulado los gases de escape, o al menos se han conseguido gases con bajísima proporción de dióxido de carbono. Y un alto nivel de seguridad. Estas cosas se han convertido en requisitos para los coches japoneses. Y no hay que olvidar la gran atención que se presa a la calidad del producto, y que es un rasgo tan japonés.

Agasajo, placer de conducir, consideración hacia el medio ambiente, seguridad y la calidad del producto. Tales serían los cinco atractivos del vehículo japonés.

Entrevistador: Harano Jōji, director de la Fundación Japan Echo.

Fotografía: Kawamoto Seiya.

(Traducido directamente del japonés)