El santuario Koma, en la prefectura de Saitama, conserva una historia poco conocida: desde hace más de 1.300 años mantiene un vínculo directo con la península coreana que se remonta a la caída del antiguo reino de Goguryeo.
A solo 80 minutos al noroeste de Tokio, en la falda boscosa de Hidaka, en la prefectura de Saitama, se encuentra el santuario Koma, cuyo nombre evoca los vínculos con el antiguo reino de Goguryeo (aproximadamente del 37 a. C. al 668), que en su día se extendió por el norte de Corea y el noreste de China.
Con un legado de más de 1.300 años, el santuario es conocido por atraer la buena fortuna en la vida profesional y los negocios. Algunos visitantes han comentado en las redes sociales que se sintieron abrumados por su energía espiritual. También es popular por sus encantadores omamori (amuletos protectores) y goshuin (sellos) con motivos florales.
Intercambio con la antigua Corea
Los terrenos del santuario reflejan la historia del intercambio entre Japón y la península de Corea. Justo después del primer pórtico torii se encuentran un par de imponentes guardianes de piedra, de ojos saltones y fauces abiertas. Inspirados en los tótems tradicionales jangseung de las aldeas coreanas, fueron donados en 2005 por la Unión de Residentes Coreanos en Japón (Mindan) para conmemorar el cuadragésimo aniversario de la normalización de las relaciones entre Japón y Corea del Sur.
En primavera, el camino de piedra más allá del primer pórtico se convierte en un túnel de flores de cerezo.
Un corto paseo conduce al segundo pórtico, donde un monumento conmemorativo marca el 1.300 aniversario de la fundación del distrito local. El monumento fue erigido en 2016 por un grupo de fomento de la amistad entre Japón y Corea, y relata la larga historia del santuario. Cerca de allí, los árboles plantados por los embajadores coreanos a lo largo de los años simbolizan la esperanza de que continúe esta amistad bilateral.
Más allá del segundo torii se encuentra el chōzuya, donde los visitantes se purifican las manos y la boca antes de pasar al pabellón principal. Árboles imponentes bordean el camino, lo que le da un aire sagrado y silencioso.
Al subir los escalones que conducen al pórtico principal, los visitantes ofrecen sus plegarias. Los fines de semana a menudo se forman colas de quienes buscan bendiciones para el éxito profesional y empresarial. El santuario también atrae a un número notable de visitantes jóvenes.
En las tablillas votivas ema colocadas fuera del pabellón principal aparecen motivos inspirados en los tótems guardianes coreanos. Una de ellas tiene una inscripción en hangul que dice: “Rezo por la buena salud en 2026”.
La disposición general responde al diseño tradicional de los santuarios japoneses. Sin embargo, en todo el recinto aparecen integrados de forma sutil elementos coreanos.
Emigrantes de Goguryeo
Los orígenes del santuario se remontan a la caída de Goguryeo ante las fuerzas de Tang y Silla a finales del siglo VII. Entre los que huyeron a Japón se encontraba el príncipe Jakkō (Yak’gwang), que llegó como enviado pero se quedó tras la caída de su patria.
Los registros históricos muestran que en 716 la corte imperial japonesa reubicó a unos 1.800 migrantes de Goguryeo en el distrito de Koma (la actual Hidaka), con la esperanza de aprovechar sus conocimientos y habilidades.
Jakkō fue nombrado líder del grupo y supervisó el desarrollo del asentamiento, y fue consagrado como deidad protectora de Koma tras su muerte. Su legado como pionero que asumió nuevas funciones en tierra extraña ha seguido inspirando a las generaciones posteriores, y su resiliencia se ha convertido en símbolo del éxito profesional y la buena fortuna.
Detrás del pabellón principal se encuentra una casa con techo de paja que en su día sirvió de residencia a la familia Koma, descendientes de Jakkō. Construida hace más de cuatro siglos, está flanqueada por un cerezo llorón de similar antigüedad que sigue floreciendo cada primavera.
Un santuario de fortuna creciente
El santuario Koma comenzó a ganar atención a nivel nacional a principios del siglo XX, después de que varios políticos que lo visitaron (Saitō Makoto, Wakatsuki Reijirō, Hamaguchi Osachi y Hatoyama Ichirō) llegaran a ser nombrados primeros ministros. Wakatsuki, en particular, asumió el cargo solo cuatro meses después de su visita. Grandes figuras literarias como Dazai Osamu, Sakaguchi Ango y Dan Kazuo también rindieron homenaje al santuario, al igual que Kawashima Yoshiko, una princesa de la corte Qing conocida por sus actividades de espionaje disfrazada de hombre.
Los principales investigadores de la Fiscalía del Distrito de Tokio también han visitado el santuario, a menudo antes de casos políticos importantes, lo que ha llevado a los periodistas a preguntar a los responsables del santuario si algún fiscal había pasado por allí recientemente.
Interés imperial por un patrimonio compartido
En 2017, el entonces emperador Akihito y la emperatriz Michiko realizaron una visita privada al santuario. Los medios de comunicación señalaron que el emperador, conocido por su interés en la historia de la migración, preguntó si habían llegado más migrantes de Goguryeo o Baekje, dos antiguos reinos coreanos.
Anteriormente, durante una rueda de prensa en 2001, el emperador Akihito comentó: “Por mi parte, siento cierta afinidad con Corea”, y añadió que en la crónica Shoku Nihongi, del siglo VIII, se registra que la madre del emperador Kanmu (r. 781-806) era descendiente del rey Muryong (r. 501-523) del reino de Baekje.
Rituales que unen culturas
Muchos de los eventos del santuario presentan una mezcla de elementos japoneses y coreanos. Durante el festival anual del 19 de octubre, los niños reciben marcas sagradas en la frente en un ritual de danza del león. También se celebran otras ceremonias tradicionalmente japonesas, como bendiciones para los hitos familiares, la seguridad y la siembra del arroz.
Por su parte, los eventos de temática coreana incluyen desfiles en enero y septiembre con trajes antiguos de la corte y el festival Madang en octubre, que ofrece comida coreana, recuerdos y actuaciones de música tradicional.
Amuletos interculturales
Los omamori del santuario incluyen diseños con el cuervo de tres patas, símbolo de la autoridad real en Goguryeo. Se dice que la elegante versión en negro, similar a las insignias de policía, es muy popular entre los investigadores.
Profundas raíces en la comunidad
El santuario está profundamente arraigado en la comunidad: para conmemorar el 1.300 aniversario del distrito de Koma, ayudó a crear una olla con sabor a kimchi de verduras locales y ginseng coreano. También puso en marcha una iniciativa para que los agricultores cultivaran col china para los restaurantes coreanos, y se celebran eventos en los que los escolares de una escuela coreana se unen a los lugareños para elaborar kimchi. El santuario también organiza conferencias de historia centradas en la fundación del distrito de Koma y la antigua migración en Asia Oriental.
Continuando con un legado de esperanza
La historia del santuario Koma revela una larga tradición de intercambio bilateral que trasciende las diferencias políticas. El actual sacerdote principal, Koma Fumiyasu, es descendiente directo de Jakkō en su sexagésima generación. “Las relaciones entre Japón y Corea han tenido momentos difíciles a lo largo de los siglos”, reflexiona. “Es algo natural entre países vecinos. Espero que sigamos manteniendo buenas relaciones de vecindad en el futuro”.
Hoy día el santuario Koma sigue siendo un recordatorio vivo del patrimonio histórico y cultural que Japón y la península de Corea han compartido durante siglos. Y su historia debería seguir desarrollándose como fuente de fortuna creciente y de vínculos duraderos para ambos países.
Santuario Koma
- Acceso: a 20 minutos a pie desde la estación de Komagawa de la línea JR Kawagoe, o a 20 minutos en taxi desde la estación de Hannō de la línea Seibu Ikebukuro.
- Página web (en japonés, coreano e inglés): https://komajinja.or.jp/korean-html/ (Consulte la página para conocer las fechas de los eventos.)
(Imagen del encabezado: Jangseung tradicional coreano en el santuario Koma; en Corea, se erigían a la entrada de los pueblos o templos como guardianes y señales en el camino - © Gomi Yoji.)











