Esta especie, llevada una vez al borde de la extinción por un exceso de caza durante la era Meiji (1868-1912), se consideraba perdida hasta que se descubrieron de nuevo catorce grullas en 1924. Desde 1935 están protegidas como Monumento Natural Especial bajo la Ley de Protección de Propiedades Culturales de Japón. Un siglo más tarde, su población ha crecido hasta cerca de unos 1.800 ejemplares.