Un whisky no mezclado fuerte y espeso calentado con lumbre de carbón

El whisky no mezclado que se elabora en Yoichi tiene fama de ser fuerte y espeso, algo que probablemente se debe a la única retorta del mundo que se calienta con una lumbre de carbón.

La destilación es el proceso final en la elaboración del whisky no mezclado y se realiza a partir del alcohol no refinado, tras la fermentación. La retorta es el elemento central de la destilería. Los trabajadores encargados de esta labor controlan la temperatura del fuego durante el proceso y echan carbón rápidamente sirviéndose de una pala, en intervalos de unos diez minutos. Si uno observa los hornos, se dará cuenta de que cada retorta está decorada con una soga shimenawa. Esto tendría su explicación en que la familia del fundador, Taketsuru Masataka (1894-1979), se dedicaba a la producción de sake, sector en el que era costumbre colocar estas sogas para recibir el Año Nuevo.

Retortas en la destilería Yoichi. / Trabajador echando carbón en los hornos de la destilería.

Además de laborioso, es un trabajo propio de antaño cuya dificultad reside en el control del fuego. “No se puede probar científicamente, pero considero que la fluctuación del fuego cuando el carbón arde da origen a una complicada operación”, cuenta Sugimoto. “Data de los días en que se fundó la destilería y permite producir un whisky no mezclado característico de Yoichi. Creo que no cambiaremos la forma de hacer las cosas”, sentencia el director de fábrica.

Taketsuru, empeñado en conseguir un clima similar al de Escocia

Taketsuru se decantó por Yoichi para establecer la base de operaciones porque exigía que el clima fuera lo más parecido posible al de Escocia, “frío y húmedo”. La destilería abrió sus puertas en 1934. En sus comienzos, producía zumo y vino de manzana para mantener la administración, ya que el whisky no puede comercializarse como tal hasta que no pasa un período mínimo de almacenamiento que oscila entre los tres y los cinco años.

La bodega de la destilería es otro de sus lugares donde a día de hoy sigue cumpliéndose la filosofía de su fundador, que creía que “el clima y la naturaleza le dan personalidad al whisky”. El suelo no está entarimado, y desde su fundación impera la norma de que los barriles no se pueden apilar en más de dos columnas. Alrededor de este edificio donde la simplicidad se ha llevado a su máxima expresión, las petasitas crecen de forma natural.

Bodega de la destilería Yoichi.

El whisky va madurando durante el largo tiempo que permanece almacenado en la bodega en contacto con el aire a través de los barriles. “La distancia de aquí a la costa del Mar del Japón es de 900 metros escasos. Esto tampoco puede probarse, pero la brisa marina le da al whisky un aroma complejo”, explica Sugimoto.