Dando un sentido social a la dura experiencia de 164 días de reclusión
Lo que sostuvo moralmente a Muraki durante su falsa imputación fueron los fuertes lazos familiares y el apoyo de mucha gente que creyó en su inocencia, pero también un experto equipo de abogados y la gran curiosidad que demostró tener la propia interesada. Durante el medio año que pasó en el centro de detención de Osaka como “presa preventiva número 13”, no dejó de tomar apuntes, anotando incluso la comida que se le servía.
“Era la primera vez que tenía tanto tiempo libre”, comenta Muraki, que antes de su detención estaba saturada de trabajo. “No tenía ningún trabajo que hacer, ni una casa que llevar, me servían las tres comidas diarias, me lavaban la ropa… y la limpieza de la celda la hacía en un momento, porque no tenía más de cinco metros cuadrados”.
Además de prepararse para el juicio, leyó vorazmente cuantos libros llegaron a sus manos, entre ellos muchas novelas policíacas. Calcula que fueron unos 150. Lógicamente, su vida de reclusión comportó también su parte amarga, como no poder echarse cuando lo necesitaba, tener que soportar el insoportable calor del verano y tener que esperar hasta la hora establecida para poder asearse.
Pero Muraki terminó aceptando estas reglas como parte del juego y aprovechó para observar lo que ocurría a su alrededor. Lo que más le llamó la atención fue que las convictas que se encargaban de traer y llevar la comida o la colada como parte de sus obligaciones eran todas chicas jóvenes que conservaban todavía un aire de inocencia. Llegó a preguntarle por aquellas chicas a su interrogador. Este le dijo que la mayoría estaba allí por drogas y algunas por prostitución.
Al reintegrarse a su puesto en la Administración, Muraki asumió tareas relacionadas con la prevención del suicidio y la ayuda a las personas en dificultades económicas graves. A través de este trabajo, supo que muchas jóvenes que parten de ambientes familiares duros donde imperan la pobreza, los malos tratos y la violencia sexual acaban en la industria del sexo al no tener ningún lugar adonde ir. Muraki puso fin a su carrera en la Administración en 2015 después de haber ascendido al cargo de viceministra administrativa. Un año después estuvo, junto a la famosa monja budista y escritora Setouchi Jakuchō, entre las creadoras de la iniciativa Proyecto Wakakusa, que pretende ayudar a las jóvenes que padecen dificultades vitales. Muchas sienten que han sido malas y que no merecen la ayuda de los demás, situándose así fuera del alcance de los sistemas públicos de ayuda. El Proyecto Wakakusa ha establecido una línea de consulta a través del sistema LINE, dispone de refugios para las mujeres y lleva a cabo estudios, además de favorecer el establecimiento de otras entidades de ayuda.
Cuando le decimos que ha conseguido dar un magnífico sentido social a su experiencia de 164 días de reclusión, la oímos reír suavemente.
“Cuando era funcionaria, mi trabajo consistía en estudiar cuál podía ser el papel de la Administración, qué sistemas podíamos crear. Ahora que ya no lo soy me he apartado de ese trabajo, pero esto me ha permitido desarrollar libremente otras actividades, aunque, por supuesto, me gustaría que alguna vez lo que estoy haciendo ahora se viera reflejado en algún nuevo sistema público. Por ahora, estoy en proceso de liberar poco a poco mi propia mente".
Reportaje y texto: Itakura Kimie (redacción de nippon.com)
Fotografía del encabezado y de la entrevista: Miwa Noriaki.

