El miso es uno de los condimentos fermentados más representativos de Japón. En cada región existen diferentes variedades y vale la pena probarlas todas.
Miso particular de cada región
Existen varias teorías sobre el origen del miso, pero la más plausible es que se desarrolló a partir de una salsa fermentada shō o hishio de la antigua China que llegó a Japón a través de la península coreana. Se la nombra por primera vez en el Código Taihō, que data del año 701, y su nombre parece provenir de mishō, una expresión que hace referencia a una salsa que no se ha fermentado por completo, y que se habría convertido paulatinamente en misho y finalmente en miso.
Los caracteres de miso (味噌) aparecieron en el periodo Heian (794-1185). En esa época todavía era un condimento de lujo que solo podía ser consumido por los más altos rangos de la aristocracia y monjes budistas. La sopa de miso data del periodo Kamakura (1185-1333), cuando se estableció entre la clase guerrera el estilo de una comida con un plato y una sopa. A partir del periodo Muromachi (1333-1573) el cultivo de soja comenzó a extenderse por todo el país, con lo que surgieron diversas variedades de miso que se adaptaban a los climas y ambientes de cada región. Vale la pena mencionar que, en japonés, cuando alguien se alaba a sí mismo se usa la expresión temae miso, que utilizaban los productores de este condimento para presumir que su miso era el mejor.
Cada región desarrolló su propia variedad de miso y en la actualidad, este condimento básico se usa en un sinfín de platos japoneses. En 2013, cuando la gastronomía de Japón fue designada como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, el miso traspasó fronteras y chefs de todo el mundo lo introdujeron en sus platos.
Miso blanco y miso rojo
El proceso para fabricar miso es sencillo: se machacan sojas hervidas o cocidas al vapor y se añade moho kōji y sal. Con la fermentación empiezan a producirse, además de aminoácidos y vitaminas, levaduras y lactobacilos que no están presentes en la soja, lo que aumenta el umami y el valor nutricional del miso.
El miso se puede dividir en tres grandes tipos según el kōji que se utilice: de arroz, de legumbre o de trigo. Con el kōji de arroz se obtiene kome miso y, con el de legumbre, mame miso. Podría prestarse a confusiones, pero el ingrediente principal siempre es la soja, solamente que el kōji es diferente. En otras palabras, no es que la soja se sustituya por arroz o trigo. El miso más común es el kome miso con cerca del 80 % de toda la producción de país. El mame miso se encuentra principalmente en la región de Tōkai, y el mugimiso (de trigo) en Kyūshū y algunas partes de Shikoku y Chūgoku.
La cantidad de kōji y sal, así como el tiempo de maduración hacen que cambie el color y el sabor del miso. El miso blanco, con mucho kōji y poca sal, se madura de unos cuantos días hasta decenas de días, por lo que es muy parecido a su ingrediente original, la soja. Incluso se puede comer solo y tiene un sabor muy suave. Por el contrario, el miso que lleva mucha sal y se madura por largo tiempo, adquiere sabores profundos a lo largo de años y su color es también más fuerte. Aunque existen algunas excepciones, el miso blanco suele ser más dulce y el rojo más salado.
Hay muchas marcas de miso que llevan el nombre de la región donde se producen, tales como el Shinshū miso o el Sendai miso, cada una con sus particularidades. Las variedades locales no son solo un condimento, sino que representan el alma de cada lugar.
Reportaje y diseño: Ecraft.
Fotografía del encabezado: Pixta.
(Traducido al español del original en japonés.)




